A partir de las 8:00 a.m. de este domingo 1º de julio, se
abrieron las casillas electorales en todo el país. El fin principal, que todos
los mexicanos saliéramos a votar a favor de algún candidato presidencial, quién
nos representará durante los próximos seis años.
En la colonia Los Héroes Tecámac, lugar en el que vivo, el llamado a
realizar el voto no fue del todo aceptado. Las casillas electorales se encontraban desiertas.
La única explicación razonable que encuentro ante este
hecho, es que por ser un fraccionamiento
que tiene muy poco tiempo de funcionar, la mayoría de la gente aún conserva sus
credenciales de elector con la dirección de su antiguo domicilio. Además, algunos
habitantes de la unidad solo utilizan los domicilios para dormir, pues el resto
del día se encuentran fuera de ellos.
Yo llegué a la casilla que me correspondió a la 9:30 a.m.
Las urnas donde se depositan las boletas prácticamente estaban vacías, pues
solo contenían unas cuantas, que supongo, pertenecían a los
funcionarios de casilla ahí presentes.
En el transcurso del día, las casillas empezaron a llenarse
de electores, pero en unos cuantos minutos volvían a quedar desiertas, por lo
que no hubo ningún incidente.
Sinceramente creo que la poca participación de la gente ha
repercutido en el conteo preliminar. No quiero decir que si la gente de este
fraccionamiento hubiese asistido a votar
los resultados serían otros, pero si creo que hubieran hecho una gran
diferencia.
Desgraciadamente sigue estando a la cabeza el candidato al que muchos detestamos. Es decepcionante que a pesar
de todo lo que sucedió en estas elecciones, la gente siga apoyando a una
persona como Enrique Peña Nieto.
No cabe duda que a los mexicanos nos gusta sufrir y nos
conformamos con las migajas que nos dan. No aprendemos del pasado, no tenemos
memoria, ni tampoco nos preocupa lo que pueda pasar en el futuro.
Afortunadamente, el conteo rápido no es la decisión final,
pero siendo realistas, creo que ya nada se podrá hacer. Nuestro próximo
dictador, perdón, presidente, es EPN. Solo un milagro podría salvarnos, pero yo no
creo que existan. Tuvimos la oportunidad en nuestra manos y tal
vez la echamos a perder. Sin embargo, bien
dicen que esto no se acaba hasta que se acaba.
Solo nos queda hacernos responsables de nuestros actos.
Finalmente la democracia es así, y lo que haya decidido la mayoría es lo que
tendremos que aceptar todos.